Emocionales, En verso, Formales, Sin categoría

299- Elegía*

A O.A.L.

Pensar que ahí, en ese vacío,
rebosaban las cartas y las ideas.
Y ahora solo lo llenan los suspiros.

Desde el paro, no conquistaste nada
apenas la añoranza
de la paciencia malgastada.

Más queda tu eco en las mentes encintas,
queda tu book que no se actualizará jamás
quedan tus cartas siempre distintas.

Solo encontraremos las pruebas de tu ausencia,
encontraremos recuerdos de bar y facultad,
encontraremos un hueco en alguna agencia.

Demasiado joven para marchitarte,
madurarás en nuestra memoria,
tienes una Eternidad para hartarte.

Pero nadie duda en este aciago día
que tú reirías, si siguieras vivo,
preguntando como escribir tu elegía.

*La elegía es un género lírico con formas muy distintas, pero con un tema común: la muerte, el llanto y el luto por un ser querido. Esta ha debido escribirla alguien por mí porque yo ya estoy muerto.

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De Joan-Lluís Lluís, Emocionales, Formales, Sin categoría

296- Adínaton*

Tengo tantas ganas de escribir, que lo haré hasta sin que me lo mandes. Y aunque el texto de ayer fuera perfecto, lo cambiaré a diario. Ni tan siquiera necesitaré un no.

Me adaptaré a estilos que no sé ni que existen. Y si por algún azar, vuelvo a escribir lo mismo, jamás sonará igual. Todo eso, durante 365 días: porque en el mundo de los contratos de seis meses merece que demuestre mi talento durante un año.

Estudié publicidad, seguí con un máster y de ello aprendí que teorizar sobre ideas sin practicarlas en una agencia es como beber sin tragar.

Si aún así me rechazas por ser demasiado joven, es que siempre vas a dar con cualquier excusa. Por si acaso, yo insistiré hasta que me rechaces por viejo. No olvides que mi motivación está más allá de los motivos porque nada de lo que hecho demuestra nada. Solo lo que aún no he hecho es lo que evidencia mi valía es lo que aún no he hecho.

Por eso, pídeme lo imposible, que yo interrogaré al silencio, callaré las palabras, negaré lo innegable y falsearé lo cierto para lograrlo.

*Un recurso literario primo de la hipérbole, en que se plantea una exageración imposible para respaldar estéticamente el mensaje.

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Audiovisuales, De Raymond Queneau, Formales, Narrativas, Sin categoría

294- Jean Pierre Jeunet*

El 6 de julio de 2013 un estudiante de biología de Montpellier con la cara cubierta de acné compra el Exercices de style de Raymond Queneau. A la misma hora en que el dependiente de la librería entrega el cambio al estudiante, en Cadaqués, Joan Lluís Lluís saborea una deliciosa tableta de chocolate 70% cacao sin sospechar que en Barcelona, un tipo acaba de abrir un blog con el objetivo de arrebatarle el récord de ejercicios de estilo que este le había arrebatado previamente al difunto Queneau.

Se trata de Oscar Arenas Larios, un redactor creativo en paro.

Oscar ama la crema del café solo de su cafetera expreso de segunda mano y en su mundo las palabras suenan como en una canción neomelódica italiana. Seguramente el trauma producido en su infancia al descubrir que su amigo invisible era irreal lo hizo refugiarse en la literatura, un mundo dónde sí estaba bien visto hablar de cosas que no existen.

Obligado por sus padres a perseguir una vida de provecho, Oscar estudió publicidad, una ocupación que le obligaba a dejar de lado sus mundos inexistentes para enfrentarse a una dura realidad formada por grupos de trabajo, arbitrariedades docentes y, lo peor de todo, cafés de máquina debido a temperaturas sobrehumanas, perdían la crema enseguida. Continuó su andadura estudiando un máster mientras trabajaba en una agencia multinacional de nombre difícilmente pronunciable. Hipotecar horas de sueño y recurrir a todo tipo de estimulantes legales no sirvió de mucho, pues perdió el trabajo al cabo de un año y cuatro meses y dejó el máster sin terminar.

Ante esa tremenda decepción, Oscar decidió regresar a sus mundos irreales y usar su pasión para conseguir trabajo en una agencia de publicidad emulando a los señores Lluís y Queneau. Para demostrar la motivación que le invadía pese a su alta tendencia a lo irreal, Oscar abrió un blog en el que dar rienda suelta a sus ansias de fantasía escribiendo día tras día su carta de presentación bajo distintas premisas que le sugerían amigos invisibles a través de la red.

El 25 de abril de 2014, un estudiante alemán perdía 294 € en una timba de póker en Lloret de Mar. En el preciso instante que uno de sus compañeros y contrincantes guardaba el último euro del bote, en Barcelona, un director creativo de otra agencia con un nombre impronunciable recibía una llamada a su extensión por parte de una secretaria con la que se enrolló en la última cena de Navidad comunicándole que un tal Oscar Arenas había llegado para entrevistarse con él. Mientras tanto, en México DF, una internauta trasnochada llega hasta el blog de Oscar, alcanza el ejemplar de Ejercicios de estilo que le trajo su novio de Montpellier y decide proponer una idea de carta a Oscar para comprobar hasta dónde llega su habilidad.

*Hoy se cumplen 13 años (¡cómo pasa el tiempo!) del estreno de Amélie, la obra maestra de Jean Pierre Jeunet. Lo curioso es que, imitándole, me he dado cuenta de que se corresponde a grandes rasgos con el estilo preciosista de Queneau

 

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De Joan-Lluís Lluís, De Raymond Queneau, Formales, Sin categoría

293- Filosófico

Me llamo Oscar Arenas Larios y mi campo del saber es el lenguaje sofista y su fenomenología. Estudio cómo las palabras transmiten conocimiento y nuevas ideas para trasladarlo a diálogos prácticos con los consumidores.

Deseo ejercer junto a los maestros de la Academia y el Liceo y por ello he escrito 293 disertaciones hasta la fecha, sin variar mis argumentos pero sí cambiando la forma de exponerlos. Mi tesis es que la fuerza está en la forma  porque esta es la manifestación múltiple de la verdad absoluta. A todos los que dicen que el lenguaje engaña, les digo que podemos desembarazarnos de las palabras gastando su uso, torturando su significado con el contexto.

Sin embargo, mis máximas son refutadas reiteradamente mediante la negación categórica basada en una misma falacia ad hominem: que mi juventud me priva de la razón y la experiencia. Pero lo cierto es que no se puede demostrar relación causal alguna entre edad y talento. Además este falso axioma se replica con hechos: con mi licenciatura en Filosofía, con mi máster en Psicocreatividad del Ser y con mi experiencia en una agencia multinacional. Y si aún fuera insuficiente, he elaborado un discurso sobre mi método basado en la voluntad de experimentar hechos nuevos y en la motivación para lograr el mayor bien para el mayor número de personas.

Desconozco si eres un superhombre, pero lo lógico es que apliques la duda metódica a mis disertaciones: piensa, luego dime como comprobarás mi habilidad en la próxima carta.

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De Joan-Lluís Lluís, Formales, Pastiche, Sin categoría

292- Josep Pla*

La luz resbalaba por las paredes del despacho y yo estaba tratando de asumir aquella negativa educadísima y que, a la vez, convertía mis promesas de motivación y experimentación en pavoneos pueriles.

—Quisiera hacerle una pregunta, si no es indiscreción. ¿En qué se basa para considerar mi juventud como una contrariedad?

—Tal vez es usted un poco vanidoso. Un redactor creativo debería tener una pizca más de humildad.

Estaba delante de un hombre de cabello entrecano que coqueteaba con la calvicie y que pese a sus facciones totalmente olvidables pretendía lograr cierta transcendencia a través  de unas vitrinas repletas de metales de certámenes y concursos varios. Que llevara el cuello de la camisa abierto y desde aquella posición me judicara vanidoso suscitaba en mí una cierta aspereza. Urdí una excusa no demasiado alejada de la realidad para seguir tejiendo mi discurso tras ella.

—Comprenderá que estoy algo fatigado después de 292 cartas —musité retirando mi portafolio, de una procacidad estilística vulgar, si se compara con mis cartas, todo sea dicho.

Con dicha maniobra pretendía replantear la cadencia que estaban tomando las preguntas y reconducir una entrevista que me había costado meses ganarme y cuya continuidad estaba más que puesta en duda. Durante los meses posteriores a mi salida de cierta agencia multinacional, me había dedicado a reescribir con metodismo e insistencia diarias mi carta de presentación. Mi meta era alcanzar las 365 versiones del mismo texto para hacerme merecedor de una cierta atención por parte de publicitarios y reclutadores. Una elección no demasiado grata pero completamente natural si se repara que, en aquellos tiempos de ética trastabillante, un título o unos estudios universitarios no tenían toda la buena consideración que debieran.

Vislumbrando ya el final de la empresa, su dimensión perdía dramatismo y hasta había quién percibía mis humildes ejercicios de escritura como pretensiosas exhibiciones literarias. En aquellos momentos, convenía convertir la crítica en una oportunidad.

—¿Qué se le ocurre para escribir mi carta mañana, maese? Por supuesto tiene total libertad para proponerme algo. Así haré méritos para tener yo otra libertad: la de demostrarle mi valía.

*El 23 de abril es el Día del Libro y los Derechos de Autor porque se dice que tanto Shakespeare como Cervantes murieron tal día como hoy. Sin embargo, el 23 de abril de 1981, también murió Josep Pla, el que quizá ha sido el escritor catalán de no-ficción más importante de todos los tiempos. Para homenajear su prosa rotunda y evocadora, sirva pedir trabajo cómo creo que lo habría hecho él.

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De Raymond Queneau, En verso, Formales, Sin categoría

291- Poesía libre

Oscar

Arenas

Larios

Tres palabras son mi yo.

¿Más qué es mi qué?
La escritura.
Vil, salvaje, visceral y reiterada.
Mi qué es la escritura de mi yo.

Para lograr mi cómo:
Escribir por cuenta ajena.
Escribir para cuentas ajenas.

Lo repetiré siempre de forma distinta.
Siempre lo repetiré de forma distinta.
De forma distinta siempre lo repetiré.

Para lograr mi cómo… gracias a 365 cómos.

Licenciado.
Un máster en camino.
El saber no ocupa lugar.
Pero te estrecha el horizonte.

Pero la juventud lo amplia
No importa andar durante meses,
porque el sol seguirá poniéndose.

Andaré hacia él con todas mis fuerzas,
con todas mis ganas.

Nos vemos ahí.

Deberías pensar en darme la bienvenida.

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Formales, Sin categoría

280- Confesión

Mi nombre es Oscar Arenas Larios y me declaro culpable del delito de redacción creativa con el agravante de insistencia diaria.

Mi principal razón para actuar en contra de la ley de vulgaridad y uniformidad creativa fue la desesperación debida a mi situación de desempleo. Después de licenciarme, estudiar un máster y trabajar durante más de un año en condiciones precarias no podía asumir haberme quedado en paro. Puedo escribir esta confesión de 280 formas distintas pero no voy a negar los hechos en ningún momento ni ocultaré que mi intención era inundar las agencias de publicidad con 365 versiones del mismo texto, además de jactarme de mi motivación y de mis ganas de delinquir.

Sin embargo, debo decir en mi favor que soy joven y que mi experiencia aún no es tenida demasiado en cuenta. No pretendo que actúen como atenuantes, pretendo que se comprendan mis motivos… que al fin y al cabo son los mismos que impregnan todo mi historial creativo.

A la espera de incluir lo que su señoría creativa considere conveniente en esta confesión,

Firmado

Oscar Arenas Larios

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De Joan-Lluís Lluís, En verso, Formales, Sin categoría

278- Monorrimo

Mi nombre me guía.
Oscar Arenas vivía
escribiendo cartas cada día,
pesado como la CIA…
Si de una agencia salía
por mí, en otra me metía
La publicidad baldía
a prueba ponía
mi estilo, mi sintonía.
Mi talento dormía
tras las celosía
de las clases de economía.
Gradué su miopía
estudiando psicología
y aun así, mi edad chirría,
a los ciegos frente a la valía.
¡Motivación vence a economía!
¿Por qué me entrevistarías?
¿Por lo que diría?
¿Por las ideas en orgía
en mi book? Olas en la bahía.
¿Que es lo que pedirías
para reparar el paro que avería,
y atisbar, por fin, una mejoría,
en el horizonte, en la lejanía.

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De Joan-Lluís Lluís, De Raymond Queneau, Formales, Sin categoría

276- Pedante

Buenos días tengas,

Mi nombre es Oscar Arenas Larios y hasta el momento soy conocido por desarrollar mi actividad como lo que Bill Bernbach definió como redactor creativo. Ahora mismo me hallo visionando en una perpetua reposición de Los Lunes al Sol sin cortes publicitarios. Puesto que, de mantener una actitud pasiva, mi situación podría ser más larga que la carrera del soldado Filípedes (y terminar con idéntico desenlace), he decidido tomar cartas en el asunto. Literalmente. Porque decidí convertir lo que en un proceso de selección actuaría como carta de presentación en el punto de partida de 365 ejercicios de estilo, a la manera del inimitable Raymond Queneau y del incomparable Joan-Lluís Lluís. Además, tomé la alternancia de Helios y Selene como frecuencia de publicación de estas cartas, lo que me obliga a un trabajo constante por mi parte.

Después de 276 versiones, he aportado un valor significativo a la firma del Rey de España que consta en mi título de licenciado en publicidad. Y es que, apreciado amigo, como aprendí en mi máster de la mano de altos académicos y profesionales destacados de mi sector: la diferenciación profesional es clave. Pese a mi juventud, no soy un benjamín en este negocio, pues alquilé mi pluma y mis palabras a una agencia multinacional durante un año y cuatro meses.

Creo firmemente en el talento, en la motivación y en las ganas de experimentar, en una suerte de trinidad postmoderna de libro de autoayuda y estoy plenamente a tu disposición para que me desmontes allenianamente en una entrevista en la que, si se tercia, podemos comentar mi book.

Eso sí, soy perfectamente consciente de que necesitas una evidencia empírica de las habilidades que afirmo tener. Por eso mismo te ofrezco la posibilidad de redactar uno de mis ejercicios de estilo en base a una propuesta tuya. ¿Hay trato?

Te estoy profundamente agradecido por tu tiempo. Hasta otra ocasión.

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Evocativas, Formales, Narrativas, Pastiche, Sin categoría

271- Terenci Moix*

Con las nubes vestidas de luto, tras los agrietados cristales de la agencia y bajo el polvo que se posa sobre las ideas suntuosamente adulteradas, su vida transcurrió un año y cuatro meses muriendo a cada instante.

En un recóndito lugar de esa necrópolis, entre los escombros y los sudarios de los briefings ajenos, el viajero se abre paso. Ante sus ojos, la tierra del talento colonizada por los juegos de bastardías de la mediocridad. Su nombre, Oscar. Sus apellidos, Arenas Larios. No lo avala linaje alguno. Ninguna dinastía haría el más mínimo gesto por reconocerle. Su historia es la misma que la de miles de jóvenes inmolados a la precariedad. Su rostro no es más que el de otros muchos y sin embargo su posado respira la majestad de unos pocos.

Su semblante es el de los que, por no tener nada que perder ante algún revoltijo de patanes impúdicos, agotarán su último aliento enzarzados en la batalla de las palabras. El desprecio y la envidia rasgarán sus máximas, pero él no se permitirá ningún titubeo en sus cantos, pues siempre serán el mismo: el suyo, recitado y callado, escrito y reescrito, durante toda una vuelta al dios Ra.

Trae consigo los laureles podridos y los pergaminos de la aciaga ciencia que un día le hundirá en la depresión pero que hoy contiene su futuro. Un futuro con el que el que pretende iluminar las oscuras grutas corporativas dónde se amañan los embustes del becariado. Tras el abandono de los dioses solo la motivación y las ganas de experimentar quedaran como plañideras de su muerte en vida. Y llegará un día en que el Sol pondrá fin al imperio de la noche y la identidad de Oscar diluida en otras 365 habrá tornado el silencio del ya te llamaremos en un torrente de locuaces ideas. Tal vez la locura del poeta la calmen las palabras del soñador.

Su mirada preguntará. Sus dedos escribirán. Solo faltará que tu voz responda.

*Hoy se cumplen 10 años de la muerte de Terenci Moix y de su característica prosa preciosita llena de lirismo.

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