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33- Pere Calders

Lo que referiré a continuación parecerá insólito, pero mi tarea es hacer lo posible por aclararlo y disipar las dudas del lector. La esencia del asunto no es otra que dedicarme al perfeccionamiento constante de una misma obra, aparcando mis vacilaciones y con una determinación irrevocable. Ya se sabe: a un mercado adverso hay que presentarle nuestra faceta más aguerrida.

Me llamo Oscar Arenas-Larios y mi ocupación más reciente ha sido la de redactor de textos publicitarios. Creo a pies juntillas que mi mejor creación debería ser la que hablara de mí. Es por esa razón, que he reescrito completamente el presente texto hasta un total de 33 veces y que mi propósito es alcanzar 365 versiones razonablemente diferenciadas. Mi intención primera es mejorar  mis perspectivas laborales —claro que, no nos engañemos, cualquier perspectiva es mejor que la ausencia absoluta de ellas— a través de la demostración pública de mis habilidades en la escritura.

Seguramente ante una situación económica de otro cariz, mi título en publicidad, la tesina con la previsiblemente lograré un título de máster o mi año y pico en una agencia de renombre internacional serían razones suficientes para lograr un puesto más o menos digno en una agencia. Si contara esto como una ucronía, el lector no se hallaría inmero en estas líneas, pues la decisión de emprender esta aventura responde a un contexto en el que, quiénes toman decisiones dan la espalda a los riesgos y experimentos que entraña mi juventud. Asi pues, es imperativo hacerles ver con un proyecto como este que mis capacidades y determinación pueden ser de mucho interés para ellos.

Aunque quizá no he sabido aclarar muchas cuestiones que rodean mi insistente iniciativa, creo que he bosquejado sus razones más fundamentales. Estaré encantado de atender las preguntas del lector en una amigable conversación, en la que tal vez podría mostrarle algunas de las campañas que cuentan con mis ideas y mis textos. Sin embargo, sería más coherente con los pensamientos expuestos recoger una propuesta de estilo para reescribir mi carta mañana.

Una propuesta de Bàrbara Nicolau.

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30- Documental de animales

Abriéndose paso entre los muebles endémicos de la oficina, aparece un joven ejemplar de redactor creativo que se acerca al líder del departamento. Claramente, quiere demostrar sus posibilidades de entrar en la manada… Se pone a escribir y parece que saca… 20, 25… ¡30 cartas distintas! Realmente, es muy raro que un individuo tan joven haga eso y se arriesgue a sufrir las consecuencias en un entorno en el que no cuenta con el favor de los adultos dominantes.

Lo excepcional es que veremos a este redactor creativo, al que nosotros hemos bautizado cariñosamente como Oscar, acercarse a distintas manadas a lo largo de un año, para repetir el proceso, en todo un ejercicio de paciencia y de tesón. Seguramente es su forma de demostrar su validez para ser aceptado por sus líderes y, en un futuro, asegurar su descendencia en forma de ideas.

Para averiguar más sobre este fascinante individuo, le pusimos un GPS y una cámara en el lomo, con lo cual podíamos rastrear su movimientos. Aunque las imágenes y los datos son algo confusos, seguramente se licenció en publicidad en 2012 y durante el año siguiente cursó un máster… Parece que también estuvo en otra manada, pero que terminó siendo expulsado de ella. Sin embargo, algo distingue su historia de la de otros ejemplares de redactor creativo joven, ya que como hemos visto antes, cada día reescribe la misma carta de una forma distinta. Eso, según los etólogos expertos en publicitarios denota una gran voluntad de experimentar y una alta motivación para el cortejo creativo.
Esperamos que nuestras cámaras puedan captar la entrevista que espera conseguir con alguno de los dominantes creativo. Posiblemente, se guarda un último alarde en la manga, porque igual que ha ido escribiendo propuestas de algunos miembros de otras manadas, quizá intente llevar a cabo el reto que le lanze el creativo dominante. Veremos un ejemplo de eso en el próximo capítulo de La Jungla de la Publicidad. ¡Gracias por acompañarnos y hasta pronto!

(una propuesta de Gerard Pelegrí)

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20- Valero Sanmartí* (NSFW) (+18)

Me presento ante ti para traerte una gran verdad que te estallará en la cara. De nada.

Me llamo Oscar Arenas Larios y a pesar de que mis apellidos provoquen que tus ocurrencias pedestres los asocien con un gintonic en la playa, no tienes autoridad moral para decirme nada porque tanto tus apellidos como tu persona remiten a un cretino que interrumpe la mediocre vida de la población para abrir su tapa craneal y cagar dentro los chascarrillos que excretan sus neuronas. Eres uno más en la fila del monumental Polyklyn neuronal de la publicidad y por eso no voy a tolerar un puto chiste sobre mí ni que me vengas con triunfalismos que se miden en ventas o en likes de Facebook. Total, nada de esto te va a salvar si un meteorito cavalcado por Hulk Hogan te cayera encima ahora mismo.

Admite que tienes una mierda de curro, que lees Yorokobu, que necesitas morralla optimista ilustrada para soportarlo, que crees que puedes contarle a un hombre cómo se pone un tampón a través de una majorette de Telecinco, que crees que está bien usar políticos para vender agua con sal y que pondrías un puto pato a vender orines con limón. Sí crees todo eso solo puedes ser dos cosas: subnormal y mi futuro jefe. Dejémonos de boutades.

Tú me vas a dar trabajo y te voy a contar por qué. Porque hoy te estoy faltando al respeto, porque estoy colocando veinte quilos de dinamita verbal en tu caja torácica y porque los encenderé raspando cerillas en mi bigote. Pero mañana puedo estar glosando la belleza de una lolita con enaguas en un tempus fugit barroco con mi rabo en la mano. Eso es, lo vas pillando. Estoy escribiendo esto cada puto día del año y jamás será igual. Soy imprevisible.

Asistí al bar de mi facultad durante cuatro años, regando mi úlcera de estómago con botellines de lejía San Miguel. Después hice un máster, pero eso me convierte en submileurista potencial y fan de Manel como tú así que, obviémoslo. Mientras tanto, en una dimensión paralela que apenas puedes concebir, estuve un puto año y medio currando más horas de las que me tocan en una agencia multinacional. Estoy tan hasta la polla de esta precariedad y de tantos estudios que no son más que un holocausto de tiempo y dinero, que quiero trabajar en serio. Y hay que estar muy hasta la polla para pedirte trabajo a ti.

Seguramente desecharás mi currículum diciendo que soy demasiado joven, pero tu mediocridad te impedirá ver la genialidad que se oculta en mis versos porque, sorpresa, eres analfabeto. No te estoy llamando inculto, no, te estoy diciendo que no sabes leer. No hay otra explicación al hecho de que después de 20 putas cartas aún no hayas reparado en que no todos los putos redactores creativos pueden hacer esto.

Si me entrevistas, por cada vez que te humille intelectualmente, añadiremos un cero a mi sueldo. No necesito conocerte para saber que puedo hacerlo mejor que tú pero desgraciadamente, cómo decía el tito Nietzsche, los débiles os lo habéis montado para que necesitemos de vuestra supervisión así que, anda, dime cómo escribiré esta carta mañana y la enfermera del hospital dónde despertarás ya te contará qué ha pasado.

(una propuesta de Marta Farré)

*No es mi voluntad faltar al respeto a mis futuros empleadores pero es lo que sin duda habría hecho Valero Sanmartí, escritor y bloguero catalán que, tras un avatar de Tom Selleck ataca a los cimientos de la idiosincrasia del país provocando a diestro y siniestro. O lo amas o lo odias.

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17- Quim Monzó

Aunque su mismo nombre encierre una pequeña travesura ortográfica, él quiere ganarse la vida escribiendo bien. El tipo se llama Oscar (sí, sin tilde) y es uno de esos estudiantes de provincias en Barcelona que decidió dedicarse a la publicidad (signifique lo que signifique eso hoy en día).

Después de trabajar durante algo más de un año como redactor creativo o copywriter o copy, como dirían los partidarios de los anglicismos; se quedó sin empleo y comenzó el proceso para encontrar otro. Al poco de empezar su búsqueda, ¡click!, tuvo una idea, así, cómo los creativos a los que nos remiten las películas y las series. En el fondo, él, con su formación ecléctica, con sus gafas de pasta y sus camisetas de cachondeo tampoco escapa de los tópicos.

Como era de esperar (en su máster le contaron que las propuestas revolucionarias siempre se enfrentan a ciertas reticencias) su idea causó algo de revuelo en casa. Su madre suspiró y lo miró con languidez. Su padre enseguida manifestó su indignación porque su hijo no debería estar haciendo algo así de no ser por la crisis. Una vez serenados los ánimos y dadas las explicaciones pertinentes, hoy Oscar está escribiendo. Su idea consiste en escribir cada día su carta de presentación de una forma distinta sin dejar de decir lo mismo. Está convencido que un buen copy debería poder hacerlo.

Contando esta, ya lleva 17 y sin duda deberá enfrentarse al resto con metodismo y disciplina. Es fácil pensar que una historia así se cuenta en pasado desde un case study porque ya ha tenido éxito. Jamás vemos el proceso en toda su magnitud. Sin embargo, lo cierto es que la história de Oscar se está conjugando en lo que la gramática anglosajona llama present continuous: ahora mismo el chaval está escribiendo. No es ni tan siquiera algo que se pueda calificar de romántico: escribe sin camiseta junto a un tropicano para soportar la canícula. Parece que una estampa tan ibérica jamás podría corresponderse con el mundo de mensajes inspiradores montados sobre planos desenfocados que nos vende la publicidad. Y sin embargo ahí están las cartas, sucediéndose diáriamente, fruto del tic-tic-tic insistente del teclado de su LG. El tic-tic-tic se detiene.

Sabe que es joven y que quizá está malbaratando su iniciativa en un compromiso de elevadísima exigencia y con resultados que alguien podría calificar de soberanamente inútiles. Sus consideraciones reparan en que aún es pronto y puede que plantarse en las 17 cartas sea  relativamente digno comparado con lo que sería retirarse, pongamos por caso, en las 177, admitiendo haber quedado como un botarate. Se levanta, se tumba en su canapé y empieza a sospesar distintas consideraciones.

Él quiere experimentar. En el fondo está motivado con su proyecto, pero no puede evitar dudar de su utilidad ya que por ejemplo, es muy raro que alguien en publicidad tenga que escribir jamás una carta sin la letra e. Él puede hacerlo. Pero, ¿sirve para algún fin superior? Sirva o no, eso no lo altera: está haciendo algo. Eso le consuela. Él no es como todos esos Ni-Ni que dan por saco debajo de su balcón durante las noches de verano. Pero a la vez se responde: si quisiera serlo, el momento es ahora. Cuando alcance la edad adulta de verdad (pareja, trabajo, impuestos, hipoteca), ya no existirá esa posibilidad si no es seguida de dolorosos fracasos en su carrera y en sus relaciones.

Reconoce ante sí mismo que no sería capaz de contarle a un director creativo porque sigue escribiendo. Si su próxima entrevista llega a una cierta profundidad, él soltará la parrafada inspiradora aunque duda de que algún día llegue a creerse sus propias palabras, si algún día llegará a creer en la campaña más larga de todas cuántas ha llevado a cabo.

Sin embargo, al final lo que importa es si será capaz, no solo de convencer a alguien, de hacerle tilín, sino de de someterse a la disciplina ajena. Seguramente en esa entrevista, terminará desviando la atención y dirá, para demostrarlo, que acepta propuestas de estilos para sus cartas de presentación para seguir rizando el rizo y para inscribir su proyecto en algo más social.

Es consciente que no tiene porqué encontrar trabajo. Pero él intuye que ese no es su objetivo, con una tasa de paro juvenil que supera el 50%: al final, lo fácil, llegado el momento, es escribir sin mirar para atrás. Simplemente, porque mientras escribe, aunque lo haga absolutamente estático (exceptuando las ondas aleatórias de sus falanges), siente que no está en paro y da gracias por hacer algo que, al final, no requiera dar demasiadas expliciones.

(otra propuesta de Bàrbara Nicolau)

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14- Kafka

Apreciado señor,

Hoy no acudiré a mis obligaciones pues he despertado con el cuerpo convertido en alguien que para mí es un absoluto desconocido. Encerrado en una cámara ajena y en mi propia perplejidad, he descubierto que ahora soy un joven redactor creativo llamado Oscar Arenas. La asunción de mi nueva e indeseada identidad conlleva para mi un enorme pesadumbre, pues todo apunta que este personaje misterioso no tiene medio con el que mantenerse, a juzar por el ahínco con el que busca trabajo.

En su escritorio hay dos conjuntos de papeles apilados: uno con exactamente 351 hojas en blanco y otro con 14 cartas parecidas a esta. Aclararé que los he contado para entretener mi desesperanzadora condición de desempleado y calmar el pánico que me asalta ante la idea de salir de esta habitación para enfrentarme a una nueva realidad que me es ajena por completo. Ignoro si sería capaz de escribir cada día en un estilo distinto como por lo visto ha estado haciendo Arenas hasta mi suplantación involuntaria de su persona.

Sin ni tan siquiera atisbar posibilidades de solucionar esta situación, he continuado con mis pesquisas para averiguar algo más sobre el nuevo cuerpo que me contiene por alguna razón tan estremecedora como recóndita. He dado con una licencia de publicitario y abundante documentación sobre un campo enigmático llamado psicocreatividad que quizá por su ocultismo podría tener algún remoto vínculo con mi situación presente. Además, en una carpeta con documentación contable he localizado hasta 16 cheques de pagos de una agencia de publicidad a la que supongo cierto prestigio, aunque mi torpeza en el mencionado campo me impide aclararlo.

La edad aparente de mi nueva cuerpo no admite disfraz: soy inequívocamente joven. Sin embargo intuyo de algún modo que la mente que antes lo ocupaba tiene algo que ver con esta absurda situación de la que soy víctima. Si esto fuera cierto, la juventud de Arenas solo sería un espejismo, algo circunstancial o azaroso. ¿Acaso es un genio talentoso o un loco temible? ¿Cómo saberlo? Lo único que aventuro a determinar es que a este joven debía guiarle, o a acaso aún le guíe, una voluntad ciega de conseguir lo que jamás nadie ha conseguido. Aunque para mí, juventud y paro son dos insalvables debilidades, en manos de Arenas puede que estas dos calamidades devengan armas que usará en su propio beneficio.

Creo, señor, que si accede a tener un encuentro conmigo para aclarar esta confusión comprenderá que yo no soy ni puedo ser Arenas, ya que no tengo la más mínima noción de cómo ha logrado realizar las campañas que ha firmado. Sin embargo, quizá usted podría entender cómo me siento y aunque no esté en sus manos ofrecerme una esperanza sólida para mis miedos, quizá pueda ayudarme a mitigarlos. Metido en la piel de Arenas, una idea me ha venido a mi cabeza. ¿Por qué no me pide escribir una carta imitando mi antigua condición y así hacer más llevadera la nueva? Sí, sé que seria algo totalmente irracional pero lo peor es la duda que eso conlleva, con diferencia la más grande de cuántas me asedian: ¿cómo debería un insecto monstruoso pedir trabajo como redactor creativo?

(una propuesta de Adrià Sánchez)

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8- Sin notícias de Curro (Eduardo Mendoza)

05:58 Me llamo Oscar Arenas Larios, procedo del Planeta de los Redactores Creativos y a causa de un desafortunado accidente que envuelve las obras completas de Raymond Queneau y un tour de jubilados Vulcanianos y un choque con el globo de RedBull Stratos, mi compañero Curro y yo estrellamos nuesta nave en la Tierra. Desde entonces no lo he vuelto a ver.

06:05 Como ya ha salido el Sol entiendo que es hora de que los humanos empiezen su ciclo de actividad, así que iniciaré mis pesquisas para dar con Curro. Con toda seguridad, podría encontrarle aplicando F(u)= CK, en el contínuo de la cuarta dimensión. Sin embargo, eso llamaría la atención de los habitantes de la Tierra y prefiero adaptarme al modus operandi local y preguntar. Es una tarea complicada y, debido a la sensibilidad de los humanos con las apariencias de sus semejantes (que pese a esta calificación, son todos distintos). Mi estrategia se prolongará durante toda una vuelta al Sol y consiste en adoptar configuraciones estéticas al azar para despertar simpatías en grupos de humanos distintos y lograr así su ayuda. Ya he adoptado la identidad de hasta 8 humanos y hoy adopto la configuración corporal y facial de Eduardo Mendoza, un humano macho que se dedica al pedestre oficio de juntar palabras para contar historias (si las implantara por ondas gamma en los circuitos neuronales terminaría mucho antes).

06:05 Presiono el interruptor de un timbre que tengo delante. Corresponde a alguien que podría conocer la ubicación de Curro. Por la información que me aporta su rostro, aunque sin apéndices opticos y con legañas, mi visor sigue identificándolo eficazmente como Toni Segarra. Que quecoñoquieroaestashoras. Le digo que estoy buscando a Curro, que si sabe dónde está. Me responde, ensimismado, que Curro no es de su agencia, que eso lo parió Tapsa, que si me interesa encontrar curro (con minúscula y sin «a») que mire en www.scpfacademy.com. Le digo que póngame dos. Me lo pienso mejor, reseteo la memória de Segarra y retomo la conversación desde el punto anterior, le digo que no, que yo ya estudié Transmisión de información y emoción en el espacio-tiempo y que además yo venía a buscar a Curro, mi compañero durante todo un ciclo ogilvyano. De repente abre mucho los ojos, me pregunta que si soy Eduardo Mendoza, le respondo que soy Oscar Arenas Larios. Me dice que ya, que ahora vuelve. Cierra la puerta.

09:46 Estoy algo cansado. Segarra ha llamado a la policía y me ha llevado algo de trabajo manipular los circuitos neuronales de los representantes de la ley para poder salir de la comisaria y seguir buscando a Curro. De nuevo en la calle, se me acerca un ejemplar humano que dice admirarme y que desea que yo traslade una representación gráfica de mi presencia a una superfície plana. Me ofrece un papel  y un bolígrafo (una máquina de escribir sin teclado). Desintegro el papel, el bolígrafo y al ejemplar humano. Después del mal comienzo del día, solo me faltaba un elogio. En mi planeta, la admiración es una falta de respeto para los jóvenes. Yo tengo mi propia motivación y mi voluntad de experimentar y está absolutamente prohibido que los demás interfieran en ellas. Por alguna razón, la juventud humana soporta la aprovación de los individuos más viejos. Una búsqueda en nuestra base de datos de conocimiento me da la explicación: en la Tierra se considera a los jóvenes inexpertos por defecto y su talento no los diferencia en absoluto. Vamos, que aunque sean igual de buenos que Segarra (que, por cierto, lo de llamar a la policía sin pedirme permiso ha estado feo), serán unos mandados hasta que no lleguen a su edad. Además, cuando alcancen un cierto número de vueltas al Sol, habrán adquirido un valor de difícil traducción a nuestro idioma llamado «experiencia». Por mis observaciones sobre el terreno, experiencia significa algo así como «haber cometido tantos errores en algo que lo próximo que te pidan tendrá que salirte bien por huevos».

12:49 Mis deambulaciones me llevan a la Avenida Diagonal. Me topo con una chica que dice haber sido rechazada como creativa a causa de un book insípido. Ingiero su book y le digo que a mí me gusta, que el maridaje de celusosa y tinta le place a mi metabolismo. Ella rompe a llorar. Tratando de enmendar mi presunto error, la arrastro hacia el interior del edificio del que provenía para dar con el señor que la ha entrevistado y ofendido (no necesariamente por ese orden) y exigir una explicación.

13:12 La entrevista ha ido maravillosamente. Los apéndices ópticos del individuo no me permitían identificarlo con claridad, pero puedo afirmar con un 83,74648 % de seguridad que se trata de Risto Mejide. He regurgitado el book de la chica y hemos comentado amistosamente la calidad de lo que allí se contaba, aunque a mí me importara tres pitos. Total, a mí lo que me trae de cabeza es encontrar a Curro y como la identidad de Eduardo Mendoza se está revelando de lo más ineficaz, ya estoy pensando en el aspecto que adoptaré mañana. Me parece oportuno comentar mis dudas con Mejide y le pregunto  que, puestos a vestirse de mujer, a quién prefiere: ¿a Belén Esteban o a Mercè Rodoreda?

21:43 Debido a mi reincidencia en un corto periodo de tiempo, esta vez ha sido mucho más difícil zafarme de la policía. Además, el hecho de contar una cómplice que entre lágrimas me ha acusado de «todo» ha complicado la situación. Es una auténtica paradoja que los humanos puedan acusarte de «todo» aunque no hayas hecho «nada».

22:40 Para tranquilizarme, me tomo 12 orujos en un restaurante de alto copete y acto seguido, ingiero dos langostas que oponen algo de resistencia al ser devoradas vivas.

23:02 Otros 12 orujos. Que dicen que la cuenta la paga mi editor. Sea lo que sea lo que significa eso, me voy por patas antes de que vuelva a venir la policía.

23:48 Rezo una oración para dar las gracias por mi día (aunque hoy no tengo claro qué debo agradecer) y me voy a dormir. Todavía sin notícias de Curro.

(Una propuesta de Irene Vega.)

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6- Lovecraft*

Buenos días, si es que acaso algún día será jamás como antes…

Me llamo Oscar Arenas Larios y en los últimos meses, aciagos acontecimientos han dejando huellas imborrables en mi existencia. He explorado los cenagosos y neblinosos terrenos de la creatividad publicitaria con relativa fortuna, hasta que el putrefacto hedor del desempleo y el miedo a lo ignoto se cernieron sobre mi. Me hallo tratando de disipar esa niebla, persiguiendo el fuego fátuo de un trabajo en una agencia de publicidad, un trabajo que nunca llega y que tal vez solo exista en las podridas ensoñaciones de mi mente. Tal vez por eso ya he escrito seis veces esta misma carta, para cercionarme de si mi búsqueda es real. Y cómo si se me hubieran condenado a ello las fuerzas de un Universo inhóspito, seguiré escribiéndola de forma distinta cada día durante eones poniendo a prueba mi cordura imitando los lenguajes olvidados de quienes moraron la tierra antes que esta fuera tierra.

En cuanto a mi persona, estudié Psicología de la Creatividad en la Universidad Autónoma de Miskatonic y me hallo cursando estudios de postgrado que  me recuerdan hechos que jamás debería haber vivido ningún hombre, provocándome insomnio y terrores nocturnos. Además, durante un pavoroso año de mi vida, tal vez algo más, sobreviví a la inenarrable existencia en una agencia de publicidad multinacional. Puede que crea que soy demasiado joven pero para la muerte, el miedo y la locura la edad no cuenta, como tampoco cuenta para las ignotas ideas y las insólitas histórias que producen mis repetidas incursiones en las neblinosas ciénagas de la creatividad. He visto cosas que se han mantenido ocultas a los ojos de los hombres durante eones y he sufrido en mi mente lo que haría enloquecer a todos y cada uno de los sabios que me hoy me juzgan.

Antes que la locura me tome por completo, puedo contarle mis tribulaciones pasadas para que nadie más tenga que vivirlas en sus carnes o, acaso en su mente. Sin embargo, lo que realmente me inquieta es si seré capaz soportar lo que me aguarda bajo sus órdenes. Quizá en medio de la negrura hay un camino menos oscuro… quizá usted haya dado con un rincón del universo dónde el vacio sea menos vacío y pueda sugerirme un estilo distinto para la carta que me veré obligado a escribir mañana.

Aunque el tiempo sea pura ilusión, le agradezco el que ha pasado leyendo esta carta. Espero que pueda conciliar el sueño de nuevo.

(estilo propuesto por Sandra Solorzano)

*Howard Phillips Lovecraft, padre del terror cósmico

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5- Mariano Rajoy

Buenos días,

Comparezco ante usted para desmentir que no tenga porqué ser cierto que ahora mismo sea un Ni-Ni, aunque tampoco es falso que esté en paro. Por esta razón y algunas otras que no comentaré, he decidido dar explicaciones a petición propia, según mi política personal de transparencia y claridad: el objetivo que me ha marcado Europa es reducir el paro juvenil consiguiendo trabajo como redactor creativo en su agencia o no, o de lo que sea dónde sea, ya veremos. Y por eso estoy leyendo esta carta de presentación que me han escrito, aunque es la quinta vez que tengo que hablar de esto ante la insistencia de los fans de Facebook y no descarto tener que seguir tomando medidas creativas hasta que empecemos a ver la luz al final del túnel, aunque los brotes verdes nos la tapen.

Lo que se ha dicho de mi en anteriores cartas es falso, salvo alguna cosa: podría ser licenciado en publicidad aunque eso ahora no importa, que estoy en el proceso de negociación para terminar un máster y que tengo una experiencia equis en una agencia y. Todo eso, ¿podría haber sido más, podría haber sido menos? Pues oiga, no lo sé, lo estamos valorando. Dependiendo de si más es lo bueno o es lo malo, pero en cualquier caso, es culpa del gobierno anterior. Y del mismo modo, no podemos olvidar que hay quién toma el camino de la separación y no el de la solidaridad, en lugar de remar en la misma dirección para que entre todos logremos encontrarme un trabajo. Estos mismos círculos, se afirma que parezco joven y quiero tranquilizar a quienes me dieron su confianza que trabajo a diario para solucionar este problema obteniendo resultados reconocidos internacionalmente: cada día estoy un día más cerca de ser viejo. No es que no tenga claro qué decir, porque si fuera así, ya me habría callado, pero llevo tiempo escribiendo y experimentando con soluciones a mis problemas de paro con el apoyo de los españoles que me proponen estilos nuevos para escribir esta carta.

¿Entrevistas? Mi book ya tal…

Gracias, no hay preguntas: los comentarios están cerrados.

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