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137- Carlos Ruíz Zafón

La justicia arácnida arropaba el sueño de los presos de la Modelo. Había tejido su red metálica con paciencia y con los años había ido cubriendo la mole de la penitenciaría. Mí único crimen era arañar papeles y torturar teclados y no tenía ninguna relación con la cárcel, excepto que su estampa se me ofrecía en toda su magnitud desde el cuartucho que me alojaría en esa Barcelona de luces sulfúricas, escaleras viscosas y calles adictivas.

Había venido a abrir los ojos de mis sueños: a escribir. Otro joven de experiencia imberbe al holocausto de las manos manchadas de tinta. Salía a la calle a beberme esa Barcelona eternamente leída mientras un tranvía levantaba la hojarasca y mi personalidad parecía disolverse en un otoño torpe.

Poco después, pasé por delante de una librería de viejo, escondida en uno de esos locales que solo aparecen si uno le busca fallos a la retícula del Ensanche. Anunciaba una gran provisión de un libro epistolar, el que contenía más ejercicios de estilo que ningún hombre haya escrito jamás: 137 formas de pedir trabajo de Oscar Arenas.

Después de mis años en el internado en una ciudad como una vieja institutriz, aspirando a ser oficial de todo y maestro de nada, Barcelona era como esa prostituta que adiestraba al primerizo, con gestos sutiles me indicaba dónde ir, qué tocar y qué mirar, dejándose acariciar por mi mirada en cada fresco de las fachadas, en cada gárgola y en cada medianera. Barcelona quería que entrara en esa librería.

Pese a lo avanzado de la hora, dentro había un hombre de bigote descuidado y una piel que mutaba hacia el amarillento de los libros que vendía. Me contó la historia de Oscar Arenas, el loco que escribió lo mismo de 365 formas distintas, un Sísifo de las letras maldito a vagar durante un año de su vida. Lo curioso del caso es que solo se conservaban 137 cartas y que con esas, se lanzó una edición que evidentemente, fue un fracaso. El camino de Arenas parecía el mío. Se lo conté e intercambiamos fotografías borrosas de nuestras vidas.

Me quedé con un ejemplar de las 137 formas de pedir trabajo preguntándome dónde estarían el resto, salí de la tienda y me dejé absorber por un remolino en el río de la muchedumbre del metro para ir a ninguna parte. En la primera página una cita de alguien que desconozco:

Tu destino ya te ha escogido y tú solo puedes escoger la forma de dirigirte a él.

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127- Radioaficionado

Aquí QRA Oscar Alfa Romeo Arenas Noviembre Alfa Sierra. QTH Lleida, ¿me recibe? Cambio.

Aqui QRA Oscar Alfa Romeo Arenas Noviembre Alfa Sierra. QTH Lleida, ¿me recibe? Cambio.

Mayday, mayday, mayday. Radio QTL demando trabajo estable como Charly Oscar Papa Yanki. Cambio.

Mayday, mayday, mayday. Radio QTL demando trabajo estable como Charly Oscar Papa Yanki. Cambio.

Puedo radiar esta QTL en otra frecuencia. QRV a propuesta, cambio.

QRU, ¿tiene algo para mí? Cambio

Disponible Bravo Oscar Oscar Kilo. Repito disponible Bravo Oscar Oscar Kilo. QUA formación y experiencia. Cambio.

Disponible Bravo Oscar Oscar Kilo. Repito disponible Bravo Oscar Oscar Kilo. QUA formación y experiencia. Cambio.

Mayday, mayday, mayday. Radio QTL demando trabajo estable como Charly Oscar Papa Yanki. Cambio.

¿Me recibe? Cambio y corto.

 

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125- Cantinflas

Bueno, aquí estamos, en presencia de ustedes. No iba a estar en ausencia, ¿no? Pues no les voy a entretener, nomás unos minutos. Miren yo viví honradamente, sin engañar a nadie, solo que me dedicaba a escribir publicidad. O sea, que me escribía panfletos, flyers, folletos, dípticos, trípticos, elípticos, banners, robapáginas, megabanners, e-mails, correos electrónicos, newsletters, spots, spits, spuds, spam. Ahorita mismo no trabajo y quizás por ventura alguno de ustedes podría ofrecerme una forma digna de ganarme el pan… Nada del otro mundo. Solo escribir panfletos, flyers, folletos, dípticos, trípticos, elípticos, banners, robapáginas, megabanners, e-mails, correos electrónicos, newsletters, spots, spits, spuds o spam, ya saben.

Me llamo… por teléfono a mi mismo. No, en serio, cuando me llamo y me respondo pregunto por Oscar Arenas (Oscar Arenas me llamo, ¿saben?). Si lo pronuncian en voz alta, mi nombre debería sonarles, porque estuve en la punta de lanza del mundo publicitario, y milagrosamente no me corté ni me pinché. Aunque, claro, me caí y aquí estamos yo y seis millones de guatachos en paro. Pero yo daré la cara, porque dar el culo estaría feo y porque soy un licenciado en publicidad y según la ley 18/97P tengo derecho a volver a trabajar a trabajar dignamente. ¡Sí, eso!

No se dejen llevar por mi aspecto. Soy aún más joven de lo que aparento. ¡Ahí está el detalle! Un viejo habría escrito esto solo una vez. Yo lo he hecho tan mal que ya llevo 125. Mire, esperen, tengo aquí el resto de cartas… ¿Que me vaya? Vaya. Vaya, vaya… Pero si aún no les he explicado lo mejor: por qué estoy en paro.

¿Que por qué? Ah, díganmelo ustedes, díganme por qué no me contratan, eh, porque antes afirme que según la ley, ¿qué ley dije?

*Mario Moreno «Cantinflas» fue un genial actor mexicano que interpretaba variantes del mismo personaje, ese entrañable don nadie, malabarista del caos, que sembraba la confusión a su alrededor para cultivar las carcajadas en su público.

Una propuesta de Alejandro Garrido

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124- Nerd*

Buenos días, terrícola

Me dirijo a usted vía streaming encriptado robando el WiFi de El Pony Pisador desde mi nave Enterprise. Estoy en la progresión para salir del inmenso agujero negro entrópico que representa el paro para un creativo. Mi ambición sería alunizar en un puesto de trabajo en su agencia, aunque la verdad: si mi éxito en la búsqueda de trabajo termina siendo como mi éxito en la búsqueda de la compañera sexual adecuada… tendré que inventármelo.

Ejercito diáriamente mis facultades intelectuales y lingüísticas para que, cuando trabaje de nuevo a las órdenes de un director creativo pueda rendir más que el Halcón Milenario. Ahora mismo, mis habilidades de redacción intergaláctica orbitan alrededor de mi carta de presentación como redactor y con cada nueva órbita creo un texto nuevo… cada día. ¡Esto se va a alargar más que Doctor Who!

Me licencié falsa magna cum laude en Ciencias de la Comunicación y ahora mismo estoy terminando un Máster en Psicocreatividad Cósmica. Para no evidenciar el desconocimiento del común de los mortales, mejor no me pregunte lo que es. Aunque soy joven, he escrito ya muchas campañas después de pasar un año marciano en una agencia de publicidad (es decir pasé lo que dura una vuelta al Sol en Marte, no es ese año fuera raro, aunque en realidad, bueno, da igual). Además, precisamente porque soy joven, puedo escribir muchas más campañas porque moriré más tarde que por ejemplo, usted. Tendré tiempo de pensar en lo que alguien sin mis conocimientos no pensaría. ¿Ha sospesado alguna vez en las posibilidades creativas de un lorem ipsum para hablar con gente a la que le dé igual todo? ¿O del idioma orco para dirigirse a consumidores de nivel intelectual pobre? Pues yo sí, alguien tenía que hacerlo y tarde o temprano, la comunidad científica reconocerá mis aportaciones al lenguaje o a la comunicación, premiando mis experimentos y mi tesón.

Mientras tanto, podría darme trabajo. Ahá, casi le pillo con un bonificador negativo en su defensa. Bueno, no, pero en serio, entrevísteme. Me pondré a tartamudear como un loco pero tenga paciencia y le comentaré a-a-alggugugu-nas ca-ca-campañas ra-ra-random de mi mi mi bo-booo-book. O… o… ppppón-game a prueba… V-v-venga vamos r-r-réteme… ¡a un duelo samurai!

*El nerd es aquel individuo sumamente talentoso en algún terreno intelectual que resulta ser un completo desastre en su vida personal. A menudo inmaduro e inseguro se encarna en personajes como Sheldon Cooper, con un inmenso apetito por el conocimiento, obsesión por las normas, el orden y con gustos culturales alternativos. Creo que me ha quedado un nerd muy friki… Pero digamos que me lo he traído a mi terreno.

Una propuesta de Marc Cartanyà i Bàrbara Nicolau

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123- Quentin Tarantino

Hank Williams III suena en una gasolinera en medio de la carretera. Un Ford Mustang la sobrepasa. En medio del desierto, las sombras de dos hombres se recortan contra el sol del atardecer. La sangre es marrón si se mira a través del cristal de unas Ray-Ban.

«Hijo número 1, ¿qué ha pasado?»
«Otro muerto, papá. No sé cuántos van.»
«123. Llevo la cuenta. ¿Hay también casquillos aquí, como en los otros?»
«Correcto. Los casquillos son una especie de contador. Siempre encontramos tantos como muertos llevamos. Además, los de balística dicen que cada uno ha sido disparados por un arma diferente.»
«Eso es jodidamente imposible. No hay semejante arsenal en este Estado…»
«Pero sí hay el hombre.»
«Arenas. Solo alguien rehusado por los criminales puede ser peor que ellos.»
«Quiere demostrar su habilidad con las armas… ¿Cuánto va a durar esto?»
«Más de lo que podamos soportar.»

The Coasters suenan en el sótano de un pub del extrarradio de Austin. Las miradas de varios estudiantes borrachos se desenfocan alrededor de la mesa en la que se sientan. Por debajo de la mesa coquetean unos pies liberados de unos zapatos de tacón.
«¿Y ahora que te has quedado sin tu único trabajo, qué harás, Oscar?»
«Es tu oportunidad, busca algo legal, tío. Recuerda lo que nos decían en la universidad…»
«Escribe, no se te da mal. Hazlo cada día y pronto te tendrán en cuenta.»
«Aprovecha tus máster, seguro que alguien busca gente cómo tú.»
«Si, Oscar, deja las armas. Haz algo con ellas, véndetelas, yo que sé. Edita un libro con lo que saques.»
«Seguro que si le echas ganas consigues lo que te propongas. ¿Has pensado en trabajar en publicidad?»
«¿Cómo se supone que voy a trabajar en publicidad con lo mal que está el sector? Haré algo mejor que todo eso…»
«¿Ah sí, qué, Oscar?»

Paga las bebidas de todos. Fuera se oye el motor de un Acura alejándose.

Suena Enio Morricone. El agua aceitosa lame los muelles fluviales de Nueva Orleans. Un tipo bebe de una taza frente al agua. Otro se acerca por detrás.
«¿Te entrevistarás con él? Esto no puede seguir así… ya has visto lo que es capaz de hacer.»
«Es muy joven.»
«Pero se ha cargado a 123 personas con armas distintas. ¿Cuánto ha tardado en conseguirlo?»
«Y qué más da. Lo ha hecho. Arenas sigue ahí fuera y no está con vosotros. Eso es lo que le hace peligroso. Retadle. Eso le gusta. O mejor, ponedlo de vuestro lado.»
«No me estás solucionando las cosas, maldito gabacho.»

Se oye un disparo y el segundo hombre cae al agua.

«No soy francés, jodido yanqui. Soy de Perpinyà…»

Se acerca otro hombre. Ya no queda ni rastro de la borrachera que cogió en Austin cuatro meses atrás.

«Hola Joan-Lluís. Ya está hecho. Te devuelvo el libro que me prestaste. Me ha sido de gran ayuda para fabricarme ciento veintitrés armas distintas. Sin ti no hubiera llegado hasta aquí.»
«Y no deberías llegar más allá.»

Otra vez un tiro y la taza que sostenía del de Perpinyà le estalla en las manos.

«Nos veremos en Knoxville, Joan-Lluís.»

El Acura arranca en la lejanía unos minutos después. Alguien ya ha retado a Arenas.

*Cuando leí Xocolata desfeta, los 122 ejercicios de estilo de Joan-Lluís Lluís, había una página en blanco, el ejercicio 123, a la manera del lector. La editorial La Magrana organizó un concurso para que los lectores hiciéramos una versión más de la historia de Lluís y yo opté por imitar el estilo de Quentin Tarantino. Ganó una traba usando palabras con ele geminada. Nada que hacer, salvo batir el récord de Joan-Lluís Lluís unos años después.

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119- Gañán*

¿Qué pasa zagal? Soy Oscar Arenas.

Llevo ya como 119 cartas así por lo bajini pero hoy me decidido a pegar bramidos desde el campanario del pueblo. Ha llegado el momento de mandar cartas para pedir trabajo a cascoporro. De escribir a punta pala, que no falte de na. ¿Qué te has creído que soy un gambitero? Pos no. Soy lo que le conviene a tu agencia, que ya hay muchos creativos viejunos.

Que esto de escribir cada día una carta distinta es una cosa tontuna que se me ocurrió así porque sí… Bueno, pues sí. ¡Es una gañanada como un piano! Un día no cerré el boquino a tiempo y, que no hay huevos, que sí hay huevos…Y aquí me tienes, el recopetín de los redactores de este país, vaya pues.

Se conoce que desde chiquitico me gustaba escribir y luego al estudiar, que soy lecenciao, y trabajar de sol a sol, al salir de provincias pues ya te puedes imaginar. Domino cualquier estilo, te puedo hacer aquí un monólogo para la risión, una historia del copón o uno tan malo que me den una somanta de palos. Pero vamos al lío, que tengo yo ya regomello en el estómago… necesito comer, que me pagues un jornal, que te veo yo ahí muy ternesco, con las posaderas en tu oficina como un gorrino pachón. Aunque ahí mi book es más bien regulero, hay alguna ideaca, pero oye, que lo que importa es lo que tengo por delante, cosa bárbara…Dime cómo quieres que te escriba una de mis cartas, me estrujo la mollera y te armo aquí una zapatiesta que verás.

*Resultado de fusionar la propuesta «provinciana» de Belén Estrada (es una historia muy larga) i la «chanante» de Eli Gil. Básicamente he usado expresiones y palabras manchegas que han popularizado humoristas como Joaquín Reyes o Ernesto Sevlla a través de sus programas La Hora Chanante, Muchachada Nuí o Museo Coconut, y darle un toque a lo Celebrities.

 

 

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118- Historia de miedo*

Vaya, qué de niebla. Podría venir alguien y no lo veríamos hasta tenerlo encima. Bueno, ahora con esta luz vacilante de las brasas del hogar, ¿no os parece que es el ambiente ideal para contar una historia de miedo? Me viene a la cabeza una cosa que me contó un buen amigo que ya no está entre nosotros. Precisamente el mismo que me trajo a Lleida era una víspera de Todos los Santos. En estas tierras, cuando se posa la niebla a principios de noviembre, siempre muere gente de forma increíble. Nunca se descubre al asesino, solo si este se ahorca o se lanza al Segre con el remordimiento atado a sus pies. La gente dice que los asesinos siempre muestran unas marcas rojizas en el cuerpo, como estigmas, que recuerdan a palabras.

Sin embargo, ese amigo me contó su teoría. Hace unos cuantos años, tampoco tantos, vivía en el barrio de L’Escorxador (en catalán, Matadero, se veía a venir algo así, ¿verdad?) un joven vanidoso que se dedicaba a escribir para encontrar trabajo. Escribía siempre lo mismo, pero adaptándose a distintos estilos porque creía que solo con su habilidad podría conseguir trabajo. Se llamaba Oscar Arenas. Pronto empezó a probar cosas nuevas, en su locura incipiente, escribiendo textos incomprensibles que parecían salidos de la boca del mismísimo diablo. Al poco tiempo se cansó de escribir en las mismas cuartillas grisáceas. Trató de hacerlo en otros lugares. Y aprendió a picar piedra, a escribir con tinta china y a tatuar piel humana.

Su obsesión era convertir sus palabras y sus ideas en conjuros que sometieran a cualquiera su poder. Por eso había estado un año estudiando y trabajando día y noche para comprender los secretos de la manipulación de la mente. Alcanzó un dominio de la psicología y la creatividad que convertía sus argumentos en órdenes. Sus  amigos y sus familiares se habrían librado de él si hubieran tenido libre albedrío, pues ya era temible antes de que sucedieran nada. Un día, después de haberlo hecho incansablemente a lo largo de 118 cartas, se cansó de pedir trabajo y empezó a imaginar formas distintas de matar, adaptándose a cada víctima, a cada lugar. Aunque fuera un asesino, quería seguir escribiendo y a veces marcaba a sus víctimas. Fundió tipos anunciando la muerte del maestro de la imprenta local, moldeó las palabras de agonía del alfarero, hasta diagnosticó la muerte del médico. Las palabras siempre pierden a la gente. A Oscar también. Fue descubierto y encarcelado. Se convirtió en el tatuador de los presos, con unos diseños nada carcelarios, que parecían escritos en un alfabeto inventado dictado por el mal.

Tradicionalmente, el Día de Todos los Santos se amnistiaba un reo. Y desde que Oscar entró en prisión, esa fecha se convirtió en sinónimo de una nueva muerte, pues volvía a cometerse un crimen retorcido, complejo y siempre distinto, cómo los de Oscar. Pero las palabras, la marca, la firma ya no aparecían. A veces, después de los crímenes aparecían  expresidiarios ahorcados, que parecía que no soportaban su recién estranada libertad. Algunos mostraban marcas rojizas en el cuerpo, similares a palabras pero, ¿en qué lengua? Con los años, los asesinos dejaron de ser presos, pero sus crímenes siguieron coincidiendo con el Día de Todos los Santos. A menudo, cualquier sarpullido, cualquier marca supurante, se interpretaba como la instrucciones para matar enviadas  a través de un tatuaje espectral por aquel preso legendario, que ya nadie recordaba había existido de verdad.

Lo curioso del caso es que si aún buscas en la prensa, puedes encontrar referencias a esas marcas en los cuerpos de algunos asesinos y a todos los asesinatos rocambolescos de Todos los Santos. Y… ¿Esto que tengo aquí en la mano? No, nada, antes me he apuntado un par de recados en boli rojo, una cosa que os quería preguntar. ¿Cómo os gustaría morir, por cierto?

*Para celebrar estos días de fiesta que tenemos por delante, me agarro al lado lúgubre de las celebraciones: las historias de muertos que andan sobre la tierra, mezclándolas con el ya omnipresente Halloween.

 

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115- Esperpento de Valle-Inclán*

Sombras de Bohemia
Esperpento post-moderno barcelonés

En España, es un delito el talento.
Ramón María del Valle-Inclán

Tasca de barrio, antes regentada por migrantes del oeste de la Península y ahora por migrantes del este de Asia. ANSCARIO ARENAS, cabezón e hirsuto, de bombín, kufiya y chaleco, y BENJA BERETA, lampiño y arratonado, de sudadera, bermudas y gorra. Sentados en sendos taburetes, delante de la barra. Ambiente de sobaco rancio, que se impregna en las rendijas de los azulejos.

ANSCARIO ARENAS
En este país se premia lo malo. Seguir ignorado después de escribir ciento quince cartas que cambiarán el rumbo de la literatura, la publicidad e incluso los recursos humanos. Solo me queda volverme anarcoprimitivista y mandarlo todo a hacer puñetas.

BENJA BERETA
Esa boquilla, Anscario. Entiende que es la condición del español fracasar por el simple hecho de serlo. A este paso, lo que quedará será un Reino en descomposición, el Reino de Costilla.

ANSCARIO ARENAS
levantando un puño al cielo
Caeremos en el canibalismo, en la idolatría de tus aztecas, Benja. Terminaremos comiendo mierda y ya he leído en la Vice que no habrá para todos.

BENJA BERETA
levantándose, espriuano
La piel de toro se acuartilla y la tauromaquia está prohibida en esta ciudad llena de estetas decadentes. Vayámonos, Anscario que lo mismo un latero nos alegra la noche.

***

Fuera, en el Raval. Olor de orines, sirenas de policía a lo lejos, luces de navidad atemporales a lo cerca. Llueve sordidez y las cloacas aúllan.

BENJA BERETA
¿Eh, amigo, tienes cervezas?

Aparece un pakistaní con una bolsa de plástico.

ANSCARIO ARENAS
El Raval me agobia, Benja. Huyamos. Vamos a esperar que tu director creativo salga a hacer running para entregarle mi book. No se podrá negar.

BENJA BERETA
Quedan cuatro horas, por lo menos. Venga, Anscario, recordemos los tiempos de la UAB… y bebamos.

ANSCARIO ARENAS
Eres un majadero, Benja. Te lo digo así, tan guapamente: tú no creas y triunfas porque destruyes y fracasas en tu trabajo. No quiero saber nada de tu jefe, si el muy mediocre te ha fichado a ti no tiene criterio.

BENJA BERETA
Deja de quejarte y apoquina tres euros que aquí el amigo nos da cuatro latas.

ANSCARIO ARENAS coge muchas monedas de su bolsillo y las tira contra el suelo provocando un tintineo cacofónico.

ANSCARIO ARENAS
¡Claro, me sobra el dinero! El billetaje de mis padres ya suena a metálico y aún tengo que apadrinar un becario senior como Benja Bereta que no tiene una lata meada que llevarse a la boca.

El pakistaní recoge abnegado las monedas.

BENJA BERETA
al pakistaní
Discúlpale
a Anscario
Los creativos académicos pronto repararán en tu motivación y tus experimentos… y entonces el dinero no importará. Estamos viviendo de prestado de tu futuro brillante.

ANSCARIO ARENAS
¡Benja! Ese rumor que se oye no es de pensamientos… ¿Qué es ese carnaval de neón, ese aquelarre vikingo?

BENJA BERETA
¿Eso de ahí delante? La puerta de Apolo, Anscario. Alcohol caro que los europeos juzgan barato.

ANSCARIO ARENAS
Vienen a revolcarse en la barbarie ibérica. ¿Sabes porqué necesitan beber, estos buenos europeos, Benja?

BENJA BERETA
No, maestro.

ANSCARIO ARENAS
Porque España es Europa vista en el culo de un vaso de cubata. No se comprende la realidad de aquí si no es desde una pérdida de verticalidad.

GUARDIA DE SEGURIDAD
Con las birras aquí no entráis, chicos. Largo.

ANSCARIO ARENAS
¡Primate calvatrueno! Daré un escándalo.

El GUARDIA DE SEGURIDAD se abalanza sobre ANSCARIO ARENAS.

***

Buhardilla agujereada, de perspectivas insospechadas sobre el vertedero barcelonés, colonizada decorativamente por Suecia. ANSCARIO ARENAS magullado y sangriento está recostado contra una pared. Llega LAIA LÜGER con camisa de hombre, sobre unos pantalones cortos tejanos y botas de piel. Lleva una lata de cerveza fría. De fondo BENJA BERETA parlotea.

BENJA BERETA
Entiéndelo, Laia, no podemos llevarlo a un hospital. Se ha pasado el último año y pico buscando camorra en nombre de sus ideas. Le trincarían.

LAIA LÜGER
entrega la lata a ANSCARIO ARENAS
No entiendo como siempre termináis enzarzados con macarras y gentuza de navaja.

ANSCARIO ARENAS respira mal. Se incorpora ligeramente. Toma la lata con un estertor de agradecimiento y se la coloca en un bulto sobre la ceja izquierda.

ANSCARIO ARENAS
fingiendo un delirio
Laia, mi musa, mi Lolita… tu novio era director creativo en una agencia, ¿verdad? Mi reino por una entrevista…

LAIA LÜGER
Le echaron.

ANSCARIO ARENAS
¿Y de que vivís? ¿Os habéis hecho emperdedores?

LAIA LÜGER
Mira Anscario, nosotros no somos bohemios quejumbrosos. Tu book y tus campañas no van a arreglar un gremio donde lo ha hecho mal todo Dios, asúmelo. La publicidad es zafia y mediocre porque ese es su sustrato, un país de perdedores. Eres joven, así que dobla tu espalda, rómpete el culo y deja que se te caigan los anillos.

ANSCARIO ARENAS
Trabajo buscando trabajo. Si existe una forma de hacerlo, me adapto a ella. No tengo porqué doblar la espalda si doblando mis dedos debería ser suficiente. Además, estoy tentando a la muerte a tiempo completo. Quizá hoy con un poco de suerte.

LAIA LÜGER
encendiéndose un pitillo
Eres un intelectual iconoclasta.

ANSCARIO ARENAS
ignorándola
Y dime, Laia, quizá es suponerte muy altas humanidades… ¿Pero, ya que lo tienes tan claro, cómo debería buscar trabajo?

BERTO BERETA
distraído, a lo lejos
¿Laia, soy yo o aquí huele a gas?

*Hoy se cumplen 147 años del nacimiento de Ramón María del Valle-Inclán, renovador del teatro español y que en 1920 publicaba Luces de Bohemia, el primer esperpento, en el que se leen críticas a España totalmente vigentes. Yo solo me he imaginado como sería un esperpento ambientado en Barcelona y con detalles actualizados.

Un gustazo celebrar el aniversario del otro ilustre manco de las letras castellanas a propuesta de Bárbara Nicolau.

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114- Sermón

Muy a menudo, hermanos, permanecemos con los ojos y el alma cerrados al sufrimiento del prójimo. El mundo que nos rodea es frenético y eso hace que no estemos siempre prestos a cumplir la palabra del Señor en todas sus formas posibles.

¿Cuántas veces tiene que suceder algo delante nuestro para que nos demos cuenta de que hay almas sufriendo? ¿Una, dos, ciento catorce? Estos tiempos que corren son duros para todos, también para nosotros. Pero lo son más para el joven que lucha por propagar sus buenos actos. Ese joven que cree en Dios y en sí mismo, pero que no encuentra a nadie que crea en él. Algunos ya sabéis, hermanos, lo duro que es caminar solos y lo fácil que puede ser para esa buena persona terminar hundiéndose en la desesperación creyéndose que nadie le apoya. Lo más duro, es cuando eso le sucede a un buen cristiano, a alguien que ha leído la Bíblia, alguien que ha dedicado más de un año de su vida a trabajar para difundir la buena nueva del Señor.

Por eso, el sermón de hoy quiere deciros bien claro que el mejor acto de buena fe, hermanos, es ayudar al que después seguirá ayudando. Y precisamente, el joven tiene más tiempo por delante que cualquiera de nosotros para continuar nuestra labor en un futuro y así transmitir el eco del evangelio a de las generaciones futuras.

No estoy diciendo que le deis trabajo o caridad al primer joven parado que encontréis por la calle. Un solo acto de caridad no lleva a nada. Tampoco conduce a ningún lugar la bondad precipitada. Recordad la parábola del sembrador. Solo algunas semillas germinarán y darán fruto. Por eso, lo importante es hacer muchos actos distintos que beneficien a personas distintas. Así la palabra del señor hará sentir que aún hay esperanza a más corazones y que esta está en Cristo y en quiénes creen en él. Más gente entenderá que unidos en nosotros y en nuestra celebración, podemos superar cuántos obstáculos se interpongan en nuestro camino.

Estos tiempos ponen a prueba nuestra fe y nuestra voluntad de ayudarnos los unos a los otros. Para empezar a predicar con el ejemplo, literalmente, he decidido dedicar el próximo año a escribir sermones distintos, uno para cada misa que vaya realizando y en cada uno de estos sermones pediré que oremos por un parado creyente, alguien que merezca sentir que hay quien cree en su futuro igual que él o ella cree en el Señor. Estaré encantando de recibir propuestas de los feligreses o de atender ideas en los momentos de confesión.

Una propuesta de Bàrbara Nicolau.

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104- Cuento tradicional

Oscar el redactor

Érase una vez un pequeño redactor llamado Oscar de quién todo el mundo se reía.

«No se puede ser tan sensible al escribir. Necesitamos textos que vendan.» Le decían.

Un día, después de trabajar durante más de un año, Oscar perdió su trabajo y tuvo que buscar otro.

«Yo quiero escribir textos que vendan, que sean bonitos y que hablen como la persona que los leerá.» Pensaba. ¿Y si convertía aquella idea en una forma de buscar trabajo?

Ni corto ni perezoso, empezó a pedir trabajo escribiendo una carta cada día del año. Pero siempre de una forma distinta y pensando en personas distintas.

Un día, cuando llevaba 104 cartas escritas, lo llamó un director creativo para entrevistarle. Oscar le dijo: «Mire, señor director creativo, yo tengo una licenciatura y un máster, pero es que además, he trabajado más de un año en una agencia.»

«Esto, a mí, no me convence. Hay centenares como tú.» le respondía el director creativo con su voz de trueno.

«Pero yo tengo tantas ganas de trabajar que estoy escribiendo la misma carta para pedir trabajo cada día y siempre distinto.» Oscar no se rendía.

«Bueno, seguro que no llevas más de tres o cuatro.» Decía el director creativo, desconfiando.

«¿Cuatro? Ciento cuatro. E incluso acepto propuestas para demostrar que puedo escribir casi cualquier cosa.» Respondió Oscar con orgullo.

El director creativo no pudo disimular su sorpresa. Pero se recompuso y para parecer duro le dijo a Oscar aquello de:

«Bueno ya te llamaremos.»

Y colorín colorado, este redactor aún sigue parado.

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