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332- Conspiración histórica*

Me llamo Oscar Arenas Larios, soy profesor de história de la redacción creativa en la Universidad Autónoma de Barcelona y cuando alguien lea esta nota posiblemente yo ya estaré muerto. Llevo un año ocultándome y siento que su amenaza se cierne sobre mí.

He mandado 332 copias de esta carta y de mis investigaciones cifradas con distintas claves a académicos y eruditos entre los que usted se incluye. En ellas he realizado un hallazgo que cuestiona nuestros cimientos no ya como civilización, sino como especie. Desde que me licencié, jamás había sentido una responsabilidad tan grande de dar a conocer mis hallazgos.

Me honra y a la vez me llena de pavor comunicarle que lo que muchos han tachado de cuento de niños y de delirio de juventud es una verdad comprobada: existe una conspiración oculta que implica el Vaticano, Shangri-La, la Reserva Federal Norteamericana y el Jardín del Edén. Y el objetivo de dicha conspiración no es otro que hacernos creer que estamos obligados a desperdiciar nuestra creatividad trabajando.

El tiempo juega en nuestra contra, así que lo prioritario es que usted ponga a salvo mis documentos. De momento, yo le voy a resumir las pruebas que incluyen. Para empezar, el Jardín del Edén descrito en la Bíblia existió y es posible situarlo en Iraq, gracias a unas rarísimas formaciones geológicas apreciables visibles desde el aire… Por lo visto uno de los fines de la Guerra de Iraq habría sido hacerse con el control de esos relieves y silenciar su existencia. Aunque la veracidad del mito del Jardín del Edén reforzaría increíblemente al Vaticano, este es uno de los miembros más antiguos de la conspiración para ocultarlo. Pues el Jardín del Edén implica abundancia material infinita y eso significa el abandono de toda necesidad de trabajo.

Todo esto fue publicado por un jovencísimo alumno de mi máster y su vida quedó segada en un misterioso accidente automovilístico. Tan misterioso que mi alumno iba solo en el coche sin saber conducir. Después de avalar sus trabajos, mi vida cambió radicalmente pero decidir seguir su línea de investigación pese a comprometer mi vida y la de los que me rodean. A las pocas semanas del trágico accidente, gracias a unos profesores visitantes puse a prueba las tesis de mi malogrado pupilo y descubrí que había unos curiosos errores de traducción en la Biblia, a raíz de un supuesto dialecto del arameo. Así frases bíblicas como “Te ganarás el pan con el sudor de tu frente” significarían algo así como “Te ganarás el pan sin sudor, yendo de frente” o “El trabajo santifica” seria “El trabajo sacrifica”.

Básicamente, durante siglos las élites económicas que han gobernado la humanidad se habrían guardado para sí los privilegios edénicos y habrían creado el mito del Pecado Original para privarnos de ellos al resto. Aunque el antiguo Jardín del Edén ya es inhabitable, existen más lugares como el en la tierra: primero los griegos y los romanos disfrutaron de su paraíso en la Atlántida, luego los árabes lo hicieron en Shambala, más tarde el Vaticano se hizo con el control de El Dorado, y ahora el destino de la fuerza de trabajo mundial se rige y manipula desde Shangri-La bajo la influencia de la Reserva Federal Norteamericana.

¿Qué oscuros intereses habrían convertido el trabajo en algo necesario? Simple y llanamente: el trabajo enriquece más al que lo paga que al que lo realiza. Este es el único motivo. Lo conozco de primera mano porque he pasado un año y cuatro meses investigando esta oscura élite y en ocasiones he hablado con emisarios directos de Shangri-La, tal y como documento en mis informes.

Deseo que comprenda la transcendencia de mi hallazgo y que, en nombre de la verdad, lo comunique a los medios, que conceda entrevistas, que haga uso de su posición para defender la humanidad del parásito más longevo de todos: su propia avaricia. Le propongo que siga investigando en la dirección que crea conveniente para respaldar estos hallazgos. Piense que hasta ahora usted ha estudiado la historia… y lo que le pido ahora es que sea parte de ella.

Espero que esté a la altura de su responsabilidad,

Profesor Oscar Arenas Larios

*Es decir: El código Da Vinci y todos sus imitadores.

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