De Joan-Lluís Lluís, De Raymond Queneau, Estándares, Experimentales, Sin categoría

192- Inventario

4 párrafos

159 palabras

751 caracteres

1 saludo

1 mención de mi nombre (Oscar Arenas Larios)

1 mención del número total de cartas escritas (192)

1 explicación del reto de ejercicios de estilo

1 justificación del reto, para demostrar mi habilidad

1 Mención a hechos importantes del currículum (3 en total)

1 compensación de la juventud gracias a la motivación

1 petición de entrevista

1 mención al book

1 petición de propuesta de estilo

1 agradecimiento/despedida

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De Raymond Queneau, Sin categoría, Trabas, Verbales

190- Futuro simple

Naceré y me llamaré Oscar Arenas Larios. Creceré y seré redactor creativo. Por consiguiente, buscaré trabajo en una agencia de publicidad. Suponiendo que no lo conseguiré a la primera, escribiré por lo menos ciento noventa cartas de presentación. Y lo seguiré haciendo de forma distinta cada día hasta que completaré un año entero de cartas diarias. Solo así pondré a prueba mi habilidad con distintos estilos.

Me licenciaré en publicidad en 2012, cursaré un máster y seguramente, acumularé más de un año de experiencia en una multinacional hasta que el paro me sorprenderá. Te pareceré demasiado joven y yo te responderé que eso no será importante, porque estaré de lo más motivado y tendré una gran ansia de experimentación.

Sin embargo, me entrevistarás y comentaremos las campañas de mi book. Pero entonces caeremos en lo obvio: que importará más mi futuro que mi pasado. Decidirás entonces que me pondrás a prueba con una propuesta de estilo que yo adaptaré a una de mis cartas. ¿Qué me pedirás?

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De Raymond Queneau, Evocativas, Formales, Propuestas, Sin categoría, Trabas

185- Metáforas

El lazo de vaquero que debes lanzarme para que gire mi cuello hace un chasquido que suena a estatuilla cinematográfica. Mientras lo blandes, te cuento que busco un suero salino que inyecte liquidez en las maltrechas venas de mi cuenta corriente. Para ello emprenderé tantos viajes distintos como sean necesarios, viajes a destinos inventados o reales, viajes en movimiento o parados, por tierra, por mar o por aire, pero siempre viajes. Porque mi vocación es moverme. Porque soy bailarín.

Danzo en el espectáculo más complejo del mundo: el del lenguaje. Claque con los signos de puntuación, fugas de interludio y solos tirando del hilo infinito de la evocación. Después de una carrerilla sobre el escenario de UAB me lancé en una pirueta ígnea, en un meteoro más en el bombardeo de estrellas fugaces de un cometa intergaláctico.

Hay quien me ve verde. Puede que lo sea. Pero soy verde brillante, no el verde de un fruto aún ácido y arisco al paladar. Verde maragda, irisado, con multitud de reflejos; un verde que puede ser cualquier color que le pidas.

Ojalá que las burbujas de nuestros espacios y nuestros tiempos colisionen pronto, como las pompas de jabón de Machado y que en ese estallido, tú veas lo que debes ver en mí. Y si no es así, recuerda que tarde o temprano caeremos al suelo, convertidos en gotas con total libertad para ser lo que ellas quieran: ¿río, lágrima, lluvia, vapor o otra burbuja?

Una propuesta de Bàrbara Nicolau

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De Raymond Queneau, Sin categoría, Trabas

161- Distinguo*

Buenos días (que no menos tías),

Me llamo (y no rellano) Oscar Arenas Larios (no lo confundas con hogar que da mal fario) y soy redactor creativo (pero no sexador muy activo). Estoy buscando trabajo (que no, que no bajo) en una agencia de publicidad (nunca en una demencia de pubertad) y para ello he escrito estas ciento sesenta y uno (ojo, no miento por pesetas y puros) cartas de presentación (y no se me ha quedado corta la prestación). Y seguiré escribiéndola (ojo, no metiéndola) de forma distinta (que a mi quinta) cada día hasta llegar a las trescientas sesenta y cinco (no setecientes cuarenta y pico) para poner a prueba mi habilidad (en ningun caso se observa mi agilidad) de adaptar textos (nunca asaltar plexos) a distintos estilos (no quería decir su quinto, qué libros).

Sobre mí te puedo decir (no sobre tí quiero gemir) que me licencié en publicidad (pero nunca me fié del plexiglás) en dosmil doce (¿dos quilos de? no, de nada), que estoy terminando un máster (no te equivoques: no estoy maltratando ningún hámster) y que tengo más de un año de experiencia (cuidado: no vengo del baño con Miss Valencia) en una agencia multinacional (aunque no tengo paciencia con la publicidad social). Puede que creas que soy demasiado joven (no que las cosas del pasado joden) pero precisamente por eso mis ganas de experimentar (pero prefiero las carnes sin salpimentar) y mi motivación pueden compensar (no machacón que prefiere no pensar) perfectamente la falta de experiencia que muchos me achacan (pero estoy a salvo: los truchos no me atacan).

Si me entrevistas (que no me metes por listas) podemos comentar las campañas (no confundir con mentar las arañas) que ya he hecho. Sin embargo (no mis Sebago), al final lo que importa (no que te meta una torta) es si seré capaz de hacer las que tú me pidas (pero no creer lo que tú decidas). ¿Por qué no me propones un estilo (no que me pones en vilo) en el que redactar (¡eh! no eructar) esta misma carta mañana (pero no lo que cuesta el Christmas de Marta, Mar y Ana)?

Gracias por tu tiempo (que no desgracia con tu nieto).

*Queneau ya incorporó el distinguo en sus ejercicios de estilo. Consistía en ir haciendo incisos constantes remediando supuestos equívocos.

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Al azar, De Raymond Queneau, Experimentales, Sin categoría

136- Logo-rallye 2.0*

Me levanto no sin dificultad. Lleva horas lloviendo y me encuentro fatal. Puede que sea el frío o que haya comido algo en mal estado. Me calzo mis pantuflas para proteger mis pies del frío y la humedad. Vaya temporal está cayendo fuera. Habrá que salir con gorro polar, polainas, raquetas y antiparras. Compruebo en mi lista la carta que me toca escribir hoy. Uff… A alguien se le ocurrió proponerme imitar el estilo de un tratado de filosofía. Si yo no tengo ni idea y se me va a notar, igual que ese señor que vive enfrente no puede disimular que es calvo por mucho que lleve bisoñé. Solo soy un redactor creativo y eso es lo que quiero ser.

Improvisaré cualquier otra cosa: hablaré de mi carrera, del máster, de que tengo más de un año de experiencia en mi carta profesional… Compruebo con regocijo que ya llevo unas cuantas líneas. Realmente es fácil: siempre repito lo mismo, pero como soy joven y solo tengo estos títulos, pues ahí se acaba siempre. Uy, náuseas y retortijones. Creo que me pondré un supositorio. Ahora vuelvo…. Ay… Ya está.

No se termina de ir este regomello, ¿eh? Seguro que es el frío… Me echo la manta por encima y aunque parezco una mujer judía o musulmana, ahora se soporta mejor. Ya me estoba explayando… ¿Por dónde iba? Bueno, la carta de hoy, que tengo que escribirla sí o sí. ¡Vamos a tirar de motivación, venga! No he fallado ni uno solo de estos últimos 136 días y hoy no podía dejar de pedir un trabajo de forma distinta. Poniéndome pesado pero sin perder la sonrisa. No es tan complicado: imagina un helado: siempre tiene la bola y el cucurucho, pero puede tener sabores diferentes. Pues yo siempre digo lo mismo pero lo adorno distinto.

¡Vaya! Creo que empieza a hacer efecto el supositorio… ¡Hasta mañana!

*Normalmente para componer un logo-rallye se establece una lista de palabras para todos los autores que participaran en el juego o se buscan en el diccionario aleatoriamente. El objetivo en ambos casos es componer un texto dónde aparezcan todos. En este caso, yo he pedido vía Facebook y Twitter las palabras favoritas de los seguidores del proyecto.

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De Raymond Queneau, En clave, Propuestas, Sin categoría

134- Jeferifigofonzafa*

Hofolafa,

Mefe llafamofo Oscafar Afarefenafas Lafariofos y sofoy refedafactofor creafatifivofo. Efestofoy bufuscafandofo trafabafajofo efen ufunafa afagegenciafa de pufublificifidadad yfy pafarafa efellofo hefe efescrifitofo efestafa cafartafa defe prefesefentafaciofón. Yfy sefeguifirefé efescrifibieféndofolafa defe foformafa difistifintafa cafadafa díafa hafastafa llefegafar afa lafas 365 pafarafa pofonefer afa pruefebafa mifi hafabifilifidafad defe afadafaptafar tefextofos afa difistifintofos efestifilofos.

Sofobrefe mifí tefe puefedofo defecifir quefe mefe lifucefenciefé efen pufublificifidafad efen 2012, quefe efestofoy tefermifinafandofo ufun mafástefer y quefe tefengofo mafás defe ufun afañofo defe efexpeferiefénciafia efen ufunafa afagefenciafa mufultifinafaciofonafal. Puefedefe quefe creafas quefe sofoy defemafasiafado jofovefen peferofo prefecifisafamefentefe pofor efesofo mifis gafanafas defe efexpeferifimefentafar yfy mifi mofotifivafacifión puefuedefen cofompefensafar peferfefectafamefentefe lafa fafaltafa defe efexpeferiefenciafa quefe mufuchofos mefe afachafacafan.

Sifi mefe efentrefevifistafas pofodefemofos cofomefentafar lafas cafampafañafas quefe yafa hefe hefechofo. Sifin efembafargofo, afal fifinafal lofo quefe ifimpofortafa efes sifi seferefé cafapafaz defe hafacefer lafas quefe tufú mefe pifidafas. ¿Pofor quefé nofo mefe profopofonefes ufun efestifilofo efen efel qufee refedafactafar efestafa mifismafa cafartafa mafañafanafa?

Grafaciafas pofor tufu tiefempofo.

*Jerigonza para los amigos, una de las muchas formas de hablar en clave que existe en Latinoamérica. Esta en concreto consiste en poner después de cada sílaba, una f y la vocal anterior. Yo he optado por poner siempre la última vocal después de la f independientemente de si estamos ante un hiato o un diftongo para mejorar la comprensión y minimizar las cacofonías. Es una forma de hablar preservando nuestra intimidad delante de alguien que no comprenda nuestra jerigonza (por ejemplo, la NSA) logrando sonidos curiosos, divertidos… e incomprensibles.

Una propuesta de Adriana Hidalgo (aka Afafriafanafa Hifidafalgofo)

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Coloquiales, De Raymond Queneau, Pastiche, Sin categoría

118- Historia de miedo*

Vaya, qué de niebla. Podría venir alguien y no lo veríamos hasta tenerlo encima. Bueno, ahora con esta luz vacilante de las brasas del hogar, ¿no os parece que es el ambiente ideal para contar una historia de miedo? Me viene a la cabeza una cosa que me contó un buen amigo que ya no está entre nosotros. Precisamente el mismo que me trajo a Lleida era una víspera de Todos los Santos. En estas tierras, cuando se posa la niebla a principios de noviembre, siempre muere gente de forma increíble. Nunca se descubre al asesino, solo si este se ahorca o se lanza al Segre con el remordimiento atado a sus pies. La gente dice que los asesinos siempre muestran unas marcas rojizas en el cuerpo, como estigmas, que recuerdan a palabras.

Sin embargo, ese amigo me contó su teoría. Hace unos cuantos años, tampoco tantos, vivía en el barrio de L’Escorxador (en catalán, Matadero, se veía a venir algo así, ¿verdad?) un joven vanidoso que se dedicaba a escribir para encontrar trabajo. Escribía siempre lo mismo, pero adaptándose a distintos estilos porque creía que solo con su habilidad podría conseguir trabajo. Se llamaba Oscar Arenas. Pronto empezó a probar cosas nuevas, en su locura incipiente, escribiendo textos incomprensibles que parecían salidos de la boca del mismísimo diablo. Al poco tiempo se cansó de escribir en las mismas cuartillas grisáceas. Trató de hacerlo en otros lugares. Y aprendió a picar piedra, a escribir con tinta china y a tatuar piel humana.

Su obsesión era convertir sus palabras y sus ideas en conjuros que sometieran a cualquiera su poder. Por eso había estado un año estudiando y trabajando día y noche para comprender los secretos de la manipulación de la mente. Alcanzó un dominio de la psicología y la creatividad que convertía sus argumentos en órdenes. Sus  amigos y sus familiares se habrían librado de él si hubieran tenido libre albedrío, pues ya era temible antes de que sucedieran nada. Un día, después de haberlo hecho incansablemente a lo largo de 118 cartas, se cansó de pedir trabajo y empezó a imaginar formas distintas de matar, adaptándose a cada víctima, a cada lugar. Aunque fuera un asesino, quería seguir escribiendo y a veces marcaba a sus víctimas. Fundió tipos anunciando la muerte del maestro de la imprenta local, moldeó las palabras de agonía del alfarero, hasta diagnosticó la muerte del médico. Las palabras siempre pierden a la gente. A Oscar también. Fue descubierto y encarcelado. Se convirtió en el tatuador de los presos, con unos diseños nada carcelarios, que parecían escritos en un alfabeto inventado dictado por el mal.

Tradicionalmente, el Día de Todos los Santos se amnistiaba un reo. Y desde que Oscar entró en prisión, esa fecha se convirtió en sinónimo de una nueva muerte, pues volvía a cometerse un crimen retorcido, complejo y siempre distinto, cómo los de Oscar. Pero las palabras, la marca, la firma ya no aparecían. A veces, después de los crímenes aparecían  expresidiarios ahorcados, que parecía que no soportaban su recién estranada libertad. Algunos mostraban marcas rojizas en el cuerpo, similares a palabras pero, ¿en qué lengua? Con los años, los asesinos dejaron de ser presos, pero sus crímenes siguieron coincidiendo con el Día de Todos los Santos. A menudo, cualquier sarpullido, cualquier marca supurante, se interpretaba como la instrucciones para matar enviadas  a través de un tatuaje espectral por aquel preso legendario, que ya nadie recordaba había existido de verdad.

Lo curioso del caso es que si aún buscas en la prensa, puedes encontrar referencias a esas marcas en los cuerpos de algunos asesinos y a todos los asesinatos rocambolescos de Todos los Santos. Y… ¿Esto que tengo aquí en la mano? No, nada, antes me he apuntado un par de recados en boli rojo, una cosa que os quería preguntar. ¿Cómo os gustaría morir, por cierto?

*Para celebrar estos días de fiesta que tenemos por delante, me agarro al lado lúgubre de las celebraciones: las historias de muertos que andan sobre la tierra, mezclándolas con el ya omnipresente Halloween.

 

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De Joan-Lluís Lluís, De Raymond Queneau, Estándares, Sin categoría

97- Nota de prensa

Un redactor creativo pedirá trabajo escribiendo su carta de presentación 365 veces

El joven publicitario Oscar Arenas Larios inició en julio una campaña para pedir trabajo que consiste en reescribir su carta de presentación a diario durante un año. La acción es un tributo a los ejercicios de estilo de Raymond Queneau y Joan-Lluís Lluís, que escribieron un mismo texto de 99 y 122 formas respectivamente.

Oscar Arenas cuenta con un año y cuatro meses de experiencia en una agencia de publicidad, además de estudios en los ámbitos de la psicología, la publicidad y la creatividad. Inició el proyecto 365 formas de pedir trabajo debido a la saturación del mercado laboral español y porque a menudo era rechazado en ofertas laborales debido a su juventud (Arenas cumplirá 23 años en diciembre). Sin embargo, las 97 cartas que lleva escritas hasta el momento le posicionan como un candidato a tener en cuenta gracias a su motivación y a su voluntad de experimentar constantemente.

«Creo que un redactor creativo que quiera escribir anuncios realmente distintos debería poder adaptar cualquier texto a cualquier estilo» afirma, interpelando a sus futuros jefes. El objetivo de la campaña es lograr entrevistas en las que importe más su potencial futuro que sus trabajos anteriores o su experiencia. Por esa razón, suele terminar sus escritos pidiendo una nueva premisa en forma de reto para escribir sus cartas al día siguiente.

 

 

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De Raymond Queneau, Sin categoría, Trabas

96- Expresiones matemáticas

Buenos días, me llamo Oscar Arenas Larios y me hallo en la intersección de tres conjuntos:

P (de Parados)

J (de Jóvenes)

C (de Creativos)

En esa intersección C?J?P aún cabe detallar otro subconjunto el R, esto es del de los redactores creativos que cumplen P, J y C. Ante mi situación me he lanzado a escribir cartas que sean significativamente (con ?=2) diferentes entre sí, si bien tienen todas un mínimo común denominador: despejar las incógnitas de la ecuación en que me hallo. Para ello quiero elevar los ejercicios de estilo a la máxima potencia y encontrar trabajo gracias a eso.

Mi dimensión profesional la conforman mi licenciatura que es igual al número de horas de clase que me he pasado en la UAB y a mi posición indeterminanda en el eje cartesiano de psicología y creatividad que me confiere mi máster. Así mismo, me integré en las funciones de una reconocida empresa multinacional, hecho del que se derivó mi experiencia de un año y cuatro meses. Creo que son unos números muy racionales. En cualquier caso, sí son reales y para nada son imaginarios: pese a mi juventud, no soy cateto.

Entrevístame y dale un giro de 180 grados a mi carrera profesional. Como el hecho de que te guste mi book depende de muchas variables, creo que para convencerte, te pediré que me propongas un estilo, algo sorprendente que se salga por la tangente.

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De Raymond Queneau, Sin categoría, Trabas, Verbales

95- Pretérito imperfecto

Mi nombre era Oscar Arenas Larios. Buscaba trabajo como copy en una agencia de publicidad y para ello escribía ejercicios de estilo que me servían de cartas de presentación. Llevaba hechas 95 pero pensaba alcanzar las 365. Creía que así quedaba demostrada mi habilidad como redactor creativo.

En 2012 me licenciaba en publicidad y en 2013 me hallaba inmerso en el trabajo final de mi máster. Justo en ese momento ya tenía un año y cuatro meses de experiencia porque había trabajado en una agencia multinacional. Aún así, parecía demasiado joven o al menos así lo creía la gente. Precisamente por eso, mis ganas de experimentar y mi motivación para superarme a mí y a los demás estaban en un momento álgido. Estaba convencido de que compensaba con creces mi supuesta falta de experiencia.

En mis cartas, afirmaba que si me entrevistaban comentaríamos las campañas que ya había hecho, que podían ver mi book. Pero ahí me reservaba un as en la manga, porque yo mismo renunciaba a todo eso: lo importante no era lo que ya había hecho, lo importante era lo que podía hacer. Entonces venía un cierre redondo: les pedía una idea para un nuevo estilo con el que escribir mi carta al día siguiente.

Fue una experiencia de lo más estimulante. Aunque el paro no es algo deseable, yo estaba de lo más agradecido por haber vivido aquellos días.

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